julio 23, 2007 Categoria: Universidad

El Frente Grande en las Elecciones de la UBA

Alejandro Otero es hoy Presidente del Frente Grande de la Capital. Fue Secretario de Derechos Humanos del Centro de Estudiantes de Ciencias Económicas. Consejero Estudiantil y delegado a la FUBA, en la etapa de normalización universitaria en los primeros `80. Es docente regular de la UBA.

Qué saldo arrojan las recientes elecciones de la UBA?

Básicamente, reflejan una ratificación de la presencia del bloque neosuberoffista, que es el que conduce la UBA desde la vuelta a la democracia constitucional. Muestran también un retroceso de la izquierda tradicional y un avance de sectores dispuestos al cambio. Los segundos lugares entre los estudiantes de económicas, derecho y medicina, aunque no alcanzaron a integrar los consejos directivos, muestran esa tendencia. Más aún en Ingeniería y Sociales que lograron integrar la totalidad de la representación estudiantil. En el mismo sentido debe entenderse la minoría que logra la oposición en el claustro de graduados de Económicas.

Existió una presencia del Frente Grande en estas elecciones?

Si. Nos dimos una política de propiciar la reunión de los sectores de centroizquierda entre los estudiantes y especialmente entre los graduados de económicas. Sectores que por diversas razones se habían dispersado y perdieron peso institucional en la Facultad. Desde ahí impulsamos un acuerdo más amplio con sectores opuestos al bloque dominante en Ciencias Económicas, que es el mismo que conduce la UBA. Fue una tarea difícil, porque implicó la convergencia de sectores muy disímiles. Ese frente logró el consejero por la minoría entre los graduados. Los resultados muestran claramente que de no haber logrado posicionar ese frente opositor, el oficialismo se hubiera alzado con todos los representantes. Ahora se abre la posibilidad de disputar otro proyecto en Económicas y se potencia la posibilidad de hacerlo en la UBA.

Qué esta en juego hoy en Económicas?

Lo mismo que en la UBA. El extravío del proyecto universitario y su sustitución por prácticas degradadas de la política, han convertido a nuestra facultad en un espacio de reproducción sistemática de relaciones clientelares y privilegios de dirigentes que son la contracara de las carencias que a diario viven estudiantes y docentes. Todas las instituciones y valores universitarios (concursos, libertad de cátedra, pluralismo, honestidad, excelencia, transparencia, etc.) se perdieron bajo el uso mediocre del poder de los últimos 20 años.

Estos desatinos se pagan con la pérdida del prestigio que generaciones de universitarios construyeron y ampliaron para la UBA y legaron para las generaciones futuras.

Esta dilapidación de ese capital social acumulado debe cesar. La persistencia en la deriva actual de la UBA culmina en su destrucción. Naturalmente, no son pocos los que ven una oportunidad para ampliar sus negocios en una posible crisis sin fin de la universidad pública que arroje al mercado a cientos de miles de estudiantes que hoy alberga la UBA.

Es posible disputar el poder en la UBA?

No solo es posible. Es imprescindible. Tanto para conformar una fuerza política en la Ciudad como para apoyar el proceso de transformación que demanda el país. Una fuerza política mayoritaria en la Ciudad requiere una expresión universitaria poderosa. Y es muy poco probable que el país encuentre su camino de transformación si no logra una articulación virtuosa entre la Universidad y el proyecto de acumulación.

Es necesario tener una política para la Universidad que vaya más allá de su gobernabilidad. En la etapa pos dictadura, las cuestiones de gobernabilidad parecen haber dominado por sobre cualquier otra cuestión. Primero se apostó a que la restitución del marco institucional de la universidad, previa a la noche de los bastones largos, traería como consecuencia otra etapa virtuosa de la universidad argentina. No resultaron así las cosas. Después en el marco de las políticas de desmantelamiento del estado y la necesidad de mantener callada a la universidad se alentaron políticas de silenciamiento y desconcentración. Al amparo de todo eso creció un esquema funcional de gobernabilidad de la UBA articulado entre sectores conservadores de distinto signo que hicieron de la universidad un espacio endogámico, autocentrado. Una fuente de prácticas clientelares y corruptas. Todo eso hoy está en crisis.

En este marco, no es solo cuestión de cerrar el paso a pseudodirigentes sin proyecto colectivo ni compromiso con la vida universitaria. Es también necesario generar las condiciones que permitan, desde la misma universidad, construir y ofrecer una alternativa superadora a este estado de cosas.
Esa es la tarea que hoy nos convoca en la Univesidad.

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