noviembre 4, 2013 Categoria: Internacional, Opinión

La Armada china en Buenos Aires

Fuente: Facultad de Periodismo y Comunicación Social de La Plata, www.perio.unlp.edu.ar

* Por Jorge Luis Bernetti

Tres naves de la armada de la República Popular China estuvieron amarradas en el puerto de Buenos Aires en el atraque que materializa la primera visita oficial de una escuadra naval del país a la República Argentina en toda su historia, antes o después de la proclamación de la victoria de la Revolución en 1949.

El destructor Lanzhou, la fragata Liuzhou y el buque de desembarco Boyanghu,  componentes de una flotilla que llegó también en estos días a Brasil y Chile al mando del subjefe del Estado Mayor de la Flota del Mar del Sur de China, almirante Xiaoyan Li, fueron visitadas por el ministro de Defensa Agustín Rossi, en lo que constituye más que una manifestación  de amistad bilateral – que, sin duda lo es – un ejercicio de independencia estratégica.

Todavía por debajo de las flotas de los Estados Unidos, Rusia y Gran Bretaña, el potencial naval chino ha experimentado un salto cualitativo a la altura de su cambio tecnológico, económico y político.

La visita china a Buenos Aires es el fruto de un deliberado desarrollo en la política de Relaciones Exteriores y de Defensa ejecutado durante el gobierno kirchnerista. Ya durante la gestión de Nilda Garré en el ministerio se firmó un acuerdo con China que sentó las bases de la colaboración en Defensa. El actual ministro Rossi recordó ante el periodismo en el destructor Lanzhou que el ministro Arturo Puricelli sucesor de Garré y su antecesor en el cargo, había firmado con su par chino en Beijing durante su visita en julio de 2012, un memorando de entendimiento.

Este acuerdo ponía en términos jurídicos la mutua decisión de emprender: visitas recíprocas, la realización de “ejercicios continuados bilaterales y multilaterales” con países amigos y la participación de ambos Estados como observadores en ejercicios nacionales de la contraparte. Es decir que, por primera vez la Argentina y China se dieron entre sí las facilidades que históricamente Buenos Aires le brindó, por ejemplo, a los Estados Unidos,  para ser parte de los ejercicios Unitas, la joya de las acciones de cooperación norteamericana en el espacio naval panamericano.

Rossi presidió el primer movimiento en el nuevo juego de ajedrez estratégico que plantea la nueva política exterior independiente que diseña la Cancillería del gobierno de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner.

La antigua afiliación a los empeños cooperativos británicos de la Armada de la República fue reemplazada por la injerencia norteamericana en el rumbo geopolítico que condujo a la Argentina a participar en el bloqueo a Cuba en 1962 y en la Guerra del Golfo Árabe-Pérsico en 1991 con  el envío de dos barcos de guerra en cada una de esas ocasiones.

Después de Malvinas, luego de la restauración democrática de 1983, superado el derrumbe del 2001 en el marco de nuevas políticas nacionales y democráticas vigentes desde el 2003, la reformulación interna de las Fuerzas Armadas se está ligando con el nuevo rumbo en política exterior.

La participación argentina en la Unión de Naciones Suramericanas (UNASUR) y su integración en el Consejo de Defensa Suramericano (CDS) de las 11 naciones del subcontinente, despunta un rumbo de independencia se está consumado regionalmente. El marco del CDS debe reemplazar al caduco Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca (TIAR), el panamericanismo militar al servicio, para decirlo en términos familiares a los chinos, el “hegemonismo” de los Estados Unidos. Ese hegemonismo que, como el de las restantes naciones europeas de la OTAN, subordina las políticas de los estado periféricos a sus propios intereses, como cuando Francia se negó a renovar el abastecimiento de Exocet a la Argentina en Malvinas (mientras  que Perú y Venezuela brindaran sus aviones y misiles sin restricciones) o EEUU vetara las ventas de armamento producido por España a Caracas, debido a que aquél  poseía componentes claves producidos por Washington.

El nuevo marco  jurídico del CDS se está sumando a la insinuada cooperación regional, en especial con Brasil y Chile, para la producción autónoma de equipos militares. Este nuevo juego desde el Sur insinúa su ampliación con la posibilidad de abrirse a la cooperación que, países con posibilidades tecnológicas como China, puedan brindar para compartir sus logros y otorgar así una contribución a la autonomía defensiva de los latinoamericanos.

Las posibilidades de un nuevo diseño de las relaciones Sur-Sur y la ruptura del dominio mono polar norteamericano constituyen claves estratégicas para la justicia y la paz internacionales. La visita de la flotilla militar china a Buenos Aires constituye un pequeño acontecimiento. Cómo escribiera un sabio chino: “un camino de 10 mil
li se inicia con el primer paso”.

*Profesor de la Facultad de Periodismo y Comunicación Social de la UNLP

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